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    Manuel Belgrano es una marca registrada. En el registro de patentes figura como propietario de la misma Bartolomé Mitre. “Héroe de alma grande”, “patriota de fe incontrastable”, “tenaz resistencia y fortaleza de espíritu”, son algunos de los cientos de calificativos superlativos que recibe del inventor de la historia argentina.


    En este texto analizaremos cómo a pesar de las fuertes disputas entre las distintas corrientes políticas e historiográficas, Belgrano queda al margen de toda duda y cuestionamiento, ubicado por casi todos en el panteón de los intocables, tal vez sólo igualado por San Martín. ¿Es Belgrano el revolucionario pacifista creado por los liberales?, ¿es un revolucionario radicalizado como quiere el nacionalismo burgués?, ¿es un ejemplo de una burguesía criolla que no transformó nada ni nunca quiso hacerlo, como pretende cierta izquierda que adolece de cretinismo antinacional?


    Trataremos de dar una respuesta en lo que sigue, analizando su trayectoria, sus escritos, pero por sobre todo contrastando lo que dijo con lo que hizo. ¿Eran entonces los criollos revolucionarios o conservadores? Todo indica que ambas cosas: ellos querían hacer su revolución “sin hacer olas”. Pero claro, para imponer su modelo de revolución-orden debieron lidiar no sólo con la “anarquía” popular sino también con un ala de criollos que estaba dispuesta a ir más lejos, hacia un desarrollo del mercado interno, un proceso de industrialización, un accionar capitalista del Estado y el combate al latifundio. Es decir que, a diferencia de lo que dice Milcíades Peña, la revolución criolla no estaba destinada fatalmente a terminar en lo que terminó, en una burguesía antinacional opuesta al desarrollo burgués.


    Que había otro camino lo demuestran los derrotados Moreno y Artigas, pero también el Paraguay aplastado por la Guerra de la Triple Alianza del creador de la Historia de Belgrano, tras cincuenta años de un desarrollo capitalista endógeno, sin precedentes en nuestro continente. ¿Y cuál es el papel de Belgrano en todo esto? Belgrano debutó en el ala más jacobina de Mayo, junto con Castelli y Moreno. Sus campañas al Paraguay y a la Banda oriental fueron en parte aplicación del Plan de Operaciones. Belgrano quería la revolución, quería que los criollos se apoderasen no sólo de los puestos burocráticos sino que también hubiese un desarrollo nacional. Estaba dispuesto a incluir y favorecer a las masas indias, gauchas y mestizas, como se evidencia en el reglamento para las misiones de fines de 1810. Pero su jacobinismo, como el de los burgueses españoles liberales de Cádiz, llegaba “hasta ahí”; una cosa era llegar como liberador paternal de las masas y otra permitir que esas masas osaran tener una política independiente. En ese caso, Belgrano desensillará del caballo revolucionario y montará presto el corcel del orden.


    Entre las invasiones inglesas y su viaje a Europa lo encontraremos en su etapa “buena”. Es el Belgrano conocido: combatiente de los ingleses, vocal de la Junta, guerrero, creador de la bandera, etc. Un Belgrano revolucionario, categoría ésta a la que cada corriente historiográfica le adjudicará distintos significados. Algunos episodios de ese período, sin embargo, prefiguran lo que vendrá a partir de 1815: el Belgrano contrarrevolucionario. Analizaremos a continuación algunos hechos clave en la vida de Belgrano, previos y posteriores a su definitivo giro reaccionario. Algunos son conocidos y otros no. Estos últimos, más que desconocidos, parecen ser ocultos, cuidadosa y deliberadamente ocultos. Hablar de Belgrano el contrarrevolucionario, es hablar también de Belgrano el revolucionario.


    En la figura de Belgrano conviven ambas facetas del proceso que dio a luz a la Argentina: la que pugnó y pugna por una transformación nacional y social, y la que no estando dispuesta a pagar los costos de ello, optó y opta por el orden. En ello está ínsito el ADN de la burguesía criolla.


    Autor: Mauricio Fau

    344 páginas

    Belgrano, el contrarrevolucionario

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    Manuel Belgrano es una marca registrada. En el registro de patentes figura como propietario de la misma Bartolomé Mitre. “Héroe de alma grande”, “patriota de fe incontrastable”, “tenaz resistencia y fortaleza de espíritu”, son algunos de los cientos de calificativos superlativos que recibe del inventor de la historia argentina.


    En este texto analizaremos cómo a pesar de las fuertes disputas entre las distintas corrientes políticas e historiográficas, Belgrano queda al margen de toda duda y cuestionamiento, ubicado por casi todos en el panteón de los intocables, tal vez sólo igualado por San Martín. ¿Es Belgrano el revolucionario pacifista creado por los liberales?, ¿es un revolucionario radicalizado como quiere el nacionalismo burgués?, ¿es un ejemplo de una burguesía criolla que no transformó nada ni nunca quiso hacerlo, como pretende cierta izquierda que adolece de cretinismo antinacional?


    Trataremos de dar una respuesta en lo que sigue, analizando su trayectoria, sus escritos, pero por sobre todo contrastando lo que dijo con lo que hizo. ¿Eran entonces los criollos revolucionarios o conservadores? Todo indica que ambas cosas: ellos querían hacer su revolución “sin hacer olas”. Pero claro, para imponer su modelo de revolución-orden debieron lidiar no sólo con la “anarquía” popular sino también con un ala de criollos que estaba dispuesta a ir más lejos, hacia un desarrollo del mercado interno, un proceso de industrialización, un accionar capitalista del Estado y el combate al latifundio. Es decir que, a diferencia de lo que dice Milcíades Peña, la revolución criolla no estaba destinada fatalmente a terminar en lo que terminó, en una burguesía antinacional opuesta al desarrollo burgués.


    Que había otro camino lo demuestran los derrotados Moreno y Artigas, pero también el Paraguay aplastado por la Guerra de la Triple Alianza del creador de la Historia de Belgrano, tras cincuenta años de un desarrollo capitalista endógeno, sin precedentes en nuestro continente. ¿Y cuál es el papel de Belgrano en todo esto? Belgrano debutó en el ala más jacobina de Mayo, junto con Castelli y Moreno. Sus campañas al Paraguay y a la Banda oriental fueron en parte aplicación del Plan de Operaciones. Belgrano quería la revolución, quería que los criollos se apoderasen no sólo de los puestos burocráticos sino que también hubiese un desarrollo nacional. Estaba dispuesto a incluir y favorecer a las masas indias, gauchas y mestizas, como se evidencia en el reglamento para las misiones de fines de 1810. Pero su jacobinismo, como el de los burgueses españoles liberales de Cádiz, llegaba “hasta ahí”; una cosa era llegar como liberador paternal de las masas y otra permitir que esas masas osaran tener una política independiente. En ese caso, Belgrano desensillará del caballo revolucionario y montará presto el corcel del orden.


    Entre las invasiones inglesas y su viaje a Europa lo encontraremos en su etapa “buena”. Es el Belgrano conocido: combatiente de los ingleses, vocal de la Junta, guerrero, creador de la bandera, etc. Un Belgrano revolucionario, categoría ésta a la que cada corriente historiográfica le adjudicará distintos significados. Algunos episodios de ese período, sin embargo, prefiguran lo que vendrá a partir de 1815: el Belgrano contrarrevolucionario. Analizaremos a continuación algunos hechos clave en la vida de Belgrano, previos y posteriores a su definitivo giro reaccionario. Algunos son conocidos y otros no. Estos últimos, más que desconocidos, parecen ser ocultos, cuidadosa y deliberadamente ocultos. Hablar de Belgrano el contrarrevolucionario, es hablar también de Belgrano el revolucionario.


    En la figura de Belgrano conviven ambas facetas del proceso que dio a luz a la Argentina: la que pugnó y pugna por una transformación nacional y social, y la que no estando dispuesta a pagar los costos de ello, optó y opta por el orden. En ello está ínsito el ADN de la burguesía criolla.


    Autor: Mauricio Fau

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